Ruindades cotidianas

Lo que más me apasiona de la historia de Galicia no es tanto su particularidad -que también- cuanto que su universalidad. En 1025, según se narra en un documento de los copiados en su día en el tumbo de Celanova, Armentario y su esposa Sindilo donaban a Wímara Kagitiz su parte de la villa de Vilariño, en Bande, lindando con los términos de Xordos, Pena Maior, Vilela y As Maus. Y esto lo hacían:

“porque nos echaste de las manos de Doña Lupa y de sus hijos, que sin cesar nos gobernaban y nos hacían mal cotidianamente, tanto como ya no lo podíamos soportar, y porque por nosotros enviaste a otro hombre a cumplir su condena, y aún más, con ocasión de la confirmación de esta carta nos entregaste cinco modios a modo de buen precio, que a nosotros bien complace”.

El fragmento en su latín original, tomado del tumbo de Celanova (doc. 34 de la edición de José M. Andrade): “Damos vobis illam atque concedimus ut abeatis vos et omnes posteritas vestra, vel ad quem vos alinquere volueritis, pro que eiecistis nos de manus de domna Lupa et de suos filios, qui imperabant nos sine termino et faciebant nobis male cottidie, quantum non potueramus nos iam subportare, et misestis pro nobis alium hominem qui complesset suo capitale et insuper ad confirmandum cartam dedistis nobis Ve modios in precio placabile quod nobis bene complacuit.

Acuñaciones suevas

Silicua de plata del rey Requiario (c. 450 EC), con la leyenda “IUSSU RICHIARI REGER”, “Por orden del rey Requiario” (de Wikimedia Commons)

No es fácil dar en Internet con material actual acerca de las acuñaciones monetarias de los suevos de la antigua Galicia. Por ello no es mala cosa que la primera entrada de esta bitácora sea un link a un artículo reciente: